El blanquito viajero
30 Agosto 2008
El blanquito, después de pagar 800 ó 1000 euros, hace su maletón o su mochila y pone rumbo a la India o a Cuba. Cuando vuelve parece que está iluminado: esas gentes que no tienen nada y te lo dan todo, que son felices en su miseria, le han cambiado la vida, le han hecho ver todo de otro modo, ya nunca será el mismo, dice. Lo pretendidamente aprendido durará lo que dure, mucho menos de lo que el blanquito espera, de hecho te lo está explicando delante de una bebida de cinco euros.
Así somos los blanquitos, fácilmente convencibles de que lo material no tiene importancia, pero incapaces de renunciar a nada de lo que hemos conseguido y deseosos de irnos a vivir a Suiza, para que, cuando viajemos a Cuba o la India, el verano siguiente, todavía nos choque más la evidencia de que lo material no da la felicidad.
Boutade
28 Agosto 2008
- ¿Qué queso le gusta más?
- El emental, querido Watson.
Reinserción social
25 Agosto 2008
Has dormido todo el día, así que, aunque es tarde, no te apetece ir a dormir y piensas en salir a comprar tabaco. No es que tengas ganas de fumar, es más por hacer algo y ya es demasiado tarde para llamar a nadie, así que te vistes y bajas a la calle.
Atraviesas la terraza del bar y te diriges a la máquina expendedora después de pedir que te la activen y adquieres tu cajetilla. Antes de cruzar la puerta, te das cuenta que has olvidado coger el mechero. No tienes ganas de volver a casa, quieres dar una vuelta por el barrio, así que tendrás que pedir fuego. Parado en la puerta del bar, evalúas a quién, de los que están en la terraza se lo pedirás. La pareja no fuma, así que te diriges al señor que se parapeta, reflexivo, tras su cerveza y su cigarrillo liado, un señor mayor de barba espesa y cana. Educadamente, le preguntas si sería tan amable de darte fuego a lo que consiente con un movimiento de cabeza, como el de un rey concediendo su súplica a un vasallo. Mientras busca, sereno, el mechero en su bolsillo, le das las gracias. Te extiende el mechero y enciendes el cigarrillo. Le devuelves el mechero sosteniéndolo por un extremo y él lo toma, como por un azar innecesario uno de su índice acaricia el tuyo. Le das las buenas noches y, al girarte, ves su carro de la compra destartalado, atiborrado de bolsas y cordeles, aparcado un par de metros más allá.
¿Cuánto tiempo debe de hacer que nadie se dirigía a ese hombre con la educación y el respeto con que se tratan las personas que viven en sociedad? ¿Cuánto tiempo que no tenía un contacto físico que no encontrara como respuesta el asco o el miedo?
Un verano, en Barcelona
12 Agosto 2008
Los chicos bajan Paseo de Gracia de dos en dos, cogidos de la mano.
Frío en agosto
4 Agosto 2008
Hace unos meses, bajé a visitar a mi madre; en su mesita de noche, había un libro de esos que yo no leeré por ser algo esnob. Lo abrí y leí un poco, algo así como:
Aquellos que han tenido frío en su infancia, tendrán frío toda la vida.
Cito de memoria, desde este agosto que se me está haciendo tan frío para el alma.
Aromas del campo
3 Agosto 2008
Esta mañana, cuando he salido a la calle, me he encontrado con que operarios del Ayuntamiento estaban abonando un parque cercano con estiércol. De vuelta a casa, al bajarme del metro, la estación estaba impregnada de su profundo aroma. Los viajeros se miraban entre si intentando descubrir cual de ellos era el que había pisado una mierda.
El Ayuntamiento, sensible a los que nos hemos quedado en la ciudad a pasar el verano, nos trae lo mejor del campo a casa.

