De noviembre del año pasado a mediados de marzo de este año, he ido al trabajo a calentar la silla. Conforme pasaban los meses mi aburrimiento iba creciendo y sentir que la empresa prescindía de mí, que no se valoraba mi trabajo, minaba mi moral. Me pareció una eternidad de tedio y esplín. De repente, a mediados de mayo, me endosan el proyecto del debería haberme hecho cargo en octubre, en un estado lamentable, junto con infinidad de cambios y el proyecto que empezaba en mayo, todo con una planificación nefasta. De mis nuevas responsabilidades, no se me comunica el detalle, ya lo iré descubriendo, ya…, aunque sea tarde. La planificación de los cambios, si es que existe, es secreta. Pero bueno, yo contento, porqué se acabó el calentar la silla, ahora me toca hacer mi jornada y media de un compañero que no han contratado. Han sido dos meses a salto de mata, sin poder planificar porqué no sabía qué tenía que hacer, me parece ya una eternidad, la segunda.

Pasada aquella primera eternidad, de ahí te pudras, y plenamente instalado en esta segunda, de no sabemos lo que haces pero pareces imprescindible, que va amainando, pero parece que no quiere acabar, me alegro del cambio.

Me alegro porqué estoy aprendiendo algo de eso que antaño me pareció tan importante: conocerme a mi mismo, descubrir mis virtudes y mis defectos, al menos en el ámbito laboral. En este punto, la cosa está así:

- Virtudes: soy metódico y eficiente; si me dejan, planifico; me gusta el trabajo bien hecho y trabajar de acuerdo a normas y estándares establecidos, que yo mismo soy capaz de establecer; acepto la autonomía y la responsabilidad; no acostumbro a fallar y, si fallo, corrijo y lo reconozco, aunque sea ante mí mismo, porqué reviso y controlo mi trabajo.

- Defectos: ¡oh, gran sorpresa!, me cuesta comunicar lo que pienso de forma espontánea, especialmente a mis superiores; no soporto las reuniones de trabajo, prefiero hacer a hablar; llevo mal los juegos de poder que hay dentro de las empresas (pensaba que aquí veníamos a trabajar); si voy a trabajar contigo, necesito saber exactamente qué estamos haciendo, cómo y para qué, en caso contrario, no me implico, es una cuestión emocional; para comunicar mi opinión, necesito un tiempo de intimidad con el problema, no me puedes preguntar a salto de mata si no estoy preparado.

Estoy contento y orgulloso de poder verme un poco.