Espejo de “El otro día, hace un par de años”
13 Mayo 2008
Se levanta de la cama y te mira desde el quicio de la puerta, desnudo y sonriente, mientras se fuma un cigarrillo. Es un amor de chico, ha estado a tu entera disposición, no cruzando las líneas que no querías que cruzase, dejándose querer. Te dice que se va a duchar y, por un momento, te parece distante. Sale de la ducha envuelto en un albornoz blanco y te pregunta si quieres ducharte mientras te alcanza unas chanclas y una toalla roja.
Os vestís y sientes la tensión de qué vendrá ahora, mientras te pregunta si quieres unas galletas o un yogur, no tengo nada más, dice, respondes que no y te propone ir a dar una vuelta. Paseáis, coméis muy tarde y ante tu estrés en el restaurante, sigue sonriendo y soluciona la situación. Por la tarde te lleva a ver Cashback, que no es tu estilo de película, pero te gusta. Tomáis algo y paseáis más, le acompañas a comprar una planta para su abuela que mañana celebra su cumpleaños a cien kilómetros de aquí, pero la floristería está cerrada. Os sentáis y seguís charlando de muchas cosas que la gente no habla el primer día. Llegado el momento de la despedida, le pides su móvil, si no le importa. Días más tarde, cuando se muestre cordial pero distante al teléfono y no lleguéis a quedar nunca más, no entenderás nada.

