Mi nota El monstruo austriaco ha tenido muchas visitas y algunos comentarios. Esos comentarios me han hecho ver que la provocación no es el mejor método para comunicarse o que no escribo tan alto y claro como creo, en definitiva, que no me he explicado bien.

El texto nace de la indignación provocada por conversaciones sobre el caso con personas que ha sufrido o infligido malos tratos y que, a pesar de toda esa experiencia, se mostraban tan asombradas del caso.

Intentaré exponerlo lo más llanamente posible, mi argumento base era que es hipócrita hacer aspavientos al oír hablar de casos de horror, crueldad, y maldad extremos como el del “monstruo austriaco” y quedarnos indiferentes ante la barbarie que tenemos al lado: la que sufren nuestros vecinos, nuestros conocidos y amigos, nuestros familiares a manos de nuestros vecinos, nuestros conocidos y amigos o nuestros familiares.

Quizás el verdadero error del texto sea no darse cuenta de lo difícil que es entender los maltratos desde dentro, tanto para la víctima como para el maltratador, que a menudo no creen ser lo uno ni lo otro.

Hablar mucho de este tema y rasgarse las vestiduras está muy bien, pero es poco efectivo, ¿por qué no haces algo para ayudar a los que sufren a tu alrededor? Que sepas que algo parecido, aunque probablemente que no en ese grado, está pasando, ahora, cerca de ti.