A algunos blogueros nos apasiona escudriñar nuestras estadísticas, especialmente, descubrir por que extrañas combinaciones de palabras introducidas en los buscadores han llegado las visitas a nuestro blog.

A este blog, han llegado unas cuantas desde la búsqueda Kentucky French Chicken, no es raro porqué van a dar a la nota Técnicas publicitarias: Kentucky Fried Chicken con French Connection, pero sí que me parece curioso que alguien busque eso en Google. Si pincháis arriba, recubriréis que la búsqueda arroja unos cuantos resultados, el más interesante, una nota de una bloguera titulada From Florida to France: Kentucky French Chicken.

La nota, escrita por una americana, habla, obviamente, sobre su sorpresa al ir a comer a un KFC en Francia. Ciertamente, los restaurantes de comida rápida estadounidense, no sirven la misma comida aquí que allí, y menos aún en Francia. A mi, lo que más me llamó la atención cuando estuve en uno de ellos, no recuerdo exactamente cual era la marca, fue la variedad y calidad de las ensaladas, comparándola con el bote de llamémoslo ensalada, que aquí te venden bajo el nombre de “Ensalada del Coronel”.

En el proceso de escritura, a veces nos asalta una idea por simple asociación estética. Cuando dicha asociación aporta significado, cuando nos dice algo del mundo o de los hombres, estamos ante una idea literaria válida. Dejando para los demás la valoración del grado de consecución del objetivo o lo interesante de lo traído a la luz, es el caso de mi nota de ayer La educación y la corbata.

Se ve que ayer tenía un día de libre asociación y se me ocurrió también tomar en sentido literal la expresión “hablar con el corazón en la mano” y relacionarla con lo que pasaría si lo intentásemos hacer realmente, el resultado fue el siguiente:

Intentas hablar con el corazón en la mano pero, a la que consigues arrancarlo de tu pecho, notas que tus miembros se van quedando fríos.

La verdad, no me gusta la frase. No le veo nada, más que un poco de ingenio, pero no me aporta, no me dice nada del mundo ni de los hombres, no la entiendo. Creo que no es más que un intento fallido de hacer literatura sin un resultado interesante, pura estética.

Sólo eso, que no sabía que hacer con una frase como esa o con esa idea y me he puesto a teorizar.

En algunos colegios de pago, les ponen corbata a los niños para que, cuando sean mayores, no noten cuando se les hace un nudo en la garganta.

Hace unos años que nuestra pastelería y repostería se ven azotadas por el flagelo implacable del viento. La invención de las mousses, semifríos (¡qué nombre más ridículo!) y espumas no es mala de por sí, lo que es nefasto es que se hayan apoderado de nuestras pastelerías y de los postres en los restaurantes. Al principio nos hizo gracia, pero ya cansa, especialmente su dominio absoluto como un misama que amenaza con deglutir bajo su nefasto influjo cualquier rastro de saber hacer repostero. Lo que en su momento fue un alarde de modernidad, está hoy ya trasnochado.

Es fácil entender el triunfo de estas especialidades en un arte que, para conseguir la excelencia, debe usar materias primas caras, el motivo no es otro que lo barato de su principal ingrediente: el aire, que se encuentra por doquier y, de hecho, es gratis. La introducción del aire en la pastelería, no es nueva. El merengue, una receta tradicional, a mi sentir, de lo más insulsa (excepto en composiciones como la clásica tarta de pasta quebrada, crema de limón y merengue), y la nata montada, lo incluyen y no se puede decir que sean inventos recientes.

No obstante, desde aquí exigimos una urgente vuelta a preparaciones más consistentes. Los que quieran aire, que se vayan al campo.

De noviembre del año pasado a mediados de marzo de este año, he ido al trabajo a calentar la silla. Conforme pasaban los meses mi aburrimiento iba creciendo y sentir que la empresa prescindía de mí, que no se valoraba mi trabajo, minaba mi moral. Me pareció una eternidad de tedio y esplín. De repente, a mediados de mayo, me endosan el proyecto del debería haberme hecho cargo en octubre, en un estado lamentable, junto con infinidad de cambios y el proyecto que empezaba en mayo, todo con una planificación nefasta. De mis nuevas responsabilidades, no se me comunica el detalle, ya lo iré descubriendo, ya…, aunque sea tarde. La planificación de los cambios, si es que existe, es secreta. Pero bueno, yo contento, porqué se acabó el calentar la silla, ahora me toca hacer mi jornada y media de un compañero que no han contratado. Han sido dos meses a salto de mata, sin poder planificar porqué no sabía qué tenía que hacer, me parece ya una eternidad, la segunda.

Pasada aquella primera eternidad, de ahí te pudras, y plenamente instalado en esta segunda, de no sabemos lo que haces pero pareces imprescindible, que va amainando, pero parece que no quiere acabar, me alegro del cambio.

Me alegro porqué estoy aprendiendo algo de eso que antaño me pareció tan importante: conocerme a mi mismo, descubrir mis virtudes y mis defectos, al menos en el ámbito laboral. En este punto, la cosa está así:

- Virtudes: soy metódico y eficiente; si me dejan, planifico; me gusta el trabajo bien hecho y trabajar de acuerdo a normas y estándares establecidos, que yo mismo soy capaz de establecer; acepto la autonomía y la responsabilidad; no acostumbro a fallar y, si fallo, corrijo y lo reconozco, aunque sea ante mí mismo, porqué reviso y controlo mi trabajo.

- Defectos: ¡oh, gran sorpresa!, me cuesta comunicar lo que pienso de forma espontánea, especialmente a mis superiores; no soporto las reuniones de trabajo, prefiero hacer a hablar; llevo mal los juegos de poder que hay dentro de las empresas (pensaba que aquí veníamos a trabajar); si voy a trabajar contigo, necesito saber exactamente qué estamos haciendo, cómo y para qué, en caso contrario, no me implico, es una cuestión emocional; para comunicar mi opinión, necesito un tiempo de intimidad con el problema, no me puedes preguntar a salto de mata si no estoy preparado.

Estoy contento y orgulloso de poder verme un poco.

Creo que, últimamente, estoy aprendiendo a llevar mejor las cosas del trabajo. Espero que no sea sólo que me estoy acostumbrando a cómo son las cosas.

… es que siempre vuelven y que suelen ser muy pesados. Eso no lo pensé yo cuando escribí mi nota.

El señor Maldonado va encorvado. La viuda Miranda dice que es por las collejas que le daba su madre, de pequeño. El panadero Juan, que lo ve entrar y salir cada día, dice que es por el peso de su conciencia. La abuela Rosa dice que de familia no es, que su padre y su abuelo iban rectos como un palo. El farmacéutico Damián le ofrece una faja que recién le ha llegado. Los niños le tiran piedras. En el bar, los hombres comentan delante de su cortado: “¿Te has fijado?, cada día va más doblado.”.

Parece mentira que todos estén tan preocupados, ¿no tendrán otra cosa con que pasar el rato?

Pedir tabaco

18 Mayo 2008

- No entiendo por qué la gente se cree con el derecho de pedirte un cigarrillo, si yo veo a alguien con una barra de pan bajo el brazo, no le pido el currusco.

Sentirse exótico

17 Mayo 2008

De repente, me apetece irme a una zona de máxima concentración de rubios y sentirme exótico.