Ayer fui al Liceu a escuchar y ver Tannhäuser, de Richard Wagner. Me gustó, no me apasionó, pero me gustó lo suficiente para repetir algún día. Era mi segunda ópera, después de Don Giovanni este verano en la Ópera Mozart de Praga, que supongo que será un teatro para turistas, pero suficiente para estrenarse.

Sé que es lamentable que después de ver dicha ópera mi único comentario sea que no soporto a la gente que va al teatro a toser. ¿Para eso pagan sesenta euros? ¿Por qué la gente no tose también en el cine? Contra las hordas de tosedores, hace tiempo se me ocurrió la idea de presentarme a las puertas de un teatro con dos kilos de caramelos de menta para repartirlos antes de la función. Habrá que ponerla en práctica algún día.

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