Siempre había confiado en mis parejas. Ni se me pasaba por la cabeza que pudieran serme infieles. ¿Para qué querrían estar con otro teniéndome a mí? Mi último novio ha resultado ser celoso. Me parece que sus celos nacían de su inseguridad en si mismo. ¿Cómo iba a estar seguro de mí si no está seguro de él? ¿Cómo iba a confiar en mí si no confía en él y en sus cualidades? ¿Cómo iba a quererme si no se quiere?

Los repasos exhaustivos de lo que yo había echo y con quién los días que no nos veíamos, las preguntas de sobre a quién llamaba o qué haría luego y con quién, ¡su análisis de mis gestos para falsar mis afirmaciones!, las preguntas ya contestadas y vueltas a preguntar han podido conmigo y le he dejado.

Tanto interrogatorio incluso sembró en mí la duda. Y él, ¿qué hará cuando no está conmigo? Pero yo no pregunto eso, me parece feo, insultante. Yo no puedo estar con alguien en quien no confío, por eso le he dicho adiós muy buenas, aunque no creo que lo entienda, pero eso, a mi, ya no me importa.

Cambio de hora

30 Marzo 2008

- Acuérdate de cambiar la hora, esta noche, a las dos serán las tres.

- ¡Qué rápido pasa el tiempo!

La suerte

29 Marzo 2008

Si miras al cielo y ves pasar una estrella fugaz, estate atento, es posible que pase otra un poco más allá.

Ayer fui al Liceu a escuchar y ver Tannhäuser, de Richard Wagner. Me gustó, no me apasionó, pero me gustó lo suficiente para repetir algún día. Era mi segunda ópera, después de Don Giovanni este verano en la Ópera Mozart de Praga, que supongo que será un teatro para turistas, pero suficiente para estrenarse.

Sé que es lamentable que después de ver dicha ópera mi único comentario sea que no soporto a la gente que va al teatro a toser. ¿Para eso pagan sesenta euros? ¿Por qué la gente no tose también en el cine? Contra las hordas de tosedores, hace tiempo se me ocurrió la idea de presentarme a las puertas de un teatro con dos kilos de caramelos de menta para repartirlos antes de la función. Habrá que ponerla en práctica algún día.

“Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, a partir de las tres empezaré a ser feliz.”

Antoine de Saint-Exupéry, El Principito.

Leo en un anuncio el siguiente eslogan “Por encima del umbral de la excelencia” y pienso que el publicista que lo ha ideado o bien es muy honesto, o bien es un incompetente lingüístico.

El umbral es el límite inferior. Así, el eslogan nos dice que la compañía en cuestión es excelente, pero por poco. Quizás hayan llegado a la excelencia hace muy poco y se sitúen de lleno en ella en un futuro, o incluso, se aproximen, sin pasarse, eso sí, al dintel de la excelencia.

Las dos caras

24 Marzo 2008

Dos chicas avanzan por una calle desértica a altas horas de la noche, una le comenta a la otra:

- Cuando vea a mi novio, le voy a partir la cara; no…, le voy a partir las dos caras que tiene.

Me comenta un amigo que alguien le dijo que Barcelona es provinciana.

Cuando oigo estas cosas corro raudo a la web de la RAE, dudando de si seré competente en español y, para mi sosiego, descubro que sí, que lo sigo siendo. Luego visito algunas webs de referencia para todo cosmopolita que se precie y veo que no han cambiado desde la última vez que las visité, ahí sigue Barcelona, referencia para muchas cosas de lo que es ser moderno, todavía.

Calmado ya, reafirmado en mis percepciones de lo que es el mundo, me pregunto a qué se referirá esa gente que dice que Barcelona es provinciana. Probablemente, midan a Barcelona con un rasero fabricado en su pueblo y barnizado en Nueva York.

La mora catalanista

20 Marzo 2008

Cuenta Saida Sadoukki que un Capitán de un cuerpo de seguridad del estado dijo, cuando se dirigió a él en catalán: “Lo que me faltaba, una mora catalanista”.

Aunque no sé cuanto tiempo lleve el Capitán viviendo en las Baleares, la escena sirve para confrontar dos momentos de la historia de las migraciones y las integraciones en España: las migraciones dentro del estado de la posguerra y las inmigraciones actuales desde África y América.

A mi entender, el proceso de una migración normal incluye cierta integración en el lugar de destino, incluyendo, obviamente, la adopción de la lengua del lugar, que permitirá al migrante la integración en la sociedad de destino, el reconocimiento social y el éxito económico.

El volumen de inmigrantes que recibió Cataluña en la posguerra y el hecho que, buena parte de ellos se concentrara en pocas poblaciones, hizo que el proceso normal de integración no se llevara a cabo y que incluso los hijos de esos inmigrantes estén, todavía hoy, perdidos en un limbo extraño. Pero también los hubo, normalmente los que fueron a apara a poblaciones más pequeñas, que se integraron en el país y adoptaron sus formas. De todos modos, la importancia del primer grupo, nos había hecho perder de vista la normalidad a que nos referimos.

Con la nueva oleada de inmigración vemos que pasa algo parecido, a muchos de los hispanoamericanos les enoja la presencia del catalán en nuestro país y consideran que aprenderlo es innecesario. En cambio, muchos de los inmigrantes africanos han entendido que hablar el catalán les da un plus y han hecho del catalán su lengua de referencia, su lengua de acogida. A éstos, les auguramos un mejor futuro, sin lugar a dudas, a pesar de que los otros partían de una situación de ventaja competitiva.

No soy economista, pero si a un grupo de personas, le das trescientos euros para que paguen su alquiler, probablemente, algunas de ellas estén dispuestas a pagar hasta trescientos euros más por su alquiler. Así, consigues que suban los precios del alquiler, es simple, de cajón.

Hacer políticas de izquierdas no es tan sencillo.

Gracias por subirnos el alquiler.