Decía Josep Pla que “La lengua castellana es una frase larga que acaba en cola de pescado”. Lo que le llevaba a sostener que Azorín, con sus frases cortas del tipo “La casa es verde.”, escribía en “levantino”.
Y es que existe una parte esencial de las lenguas que es muy difícil de aprender: el ritmo, la cadencia, ciertas palabras y expresiones… Por eso nos cuesta evaluar cuando un extranjero nos pregunta “¿Esto se puede decir?” y pensamos “Hombre, poder, lo que se dice poder, se puede, y te van a entender, pero no se dice.”
Es lo que comentaba en otra entrada sobre el enfatizador inglés “indeed” o los “μεν γαρ” del griego clásico que, de forma innecesaria, traducíamos en el instituto por “ciertamente”.
En una ocasión propuse la siguiente traducción de una frase de La Odisea:
“[…] en realidad esto es bello, escuchar a un aedo tal cual éste es, semejante a un dios cuanto a la voz.”
Evidentemente, esto no es castellano, si no una simple transposición de las palabras del griego. Si pudiese volver atrás, presentaría algo así:
“¡Qué bello es escuchar a un aedo como este, que parece un dios por su voz!”
Aunque me quedaría con la duda de si mi frase acaba en cola de pescado.

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