Viviendo entre mil dudas, siempre me sorprenden los hombres de firmes convicciones. No es que yo sea un relativista, si no que de entre todas las verdades, siempre dudo cuál escoger. Es por estos motivos que me enerva cuando oigo decir que algo está sobrevalorado.

Consultemos Google y veamos qué está en el top de lo que “está sobrevalorado”:

Orkut (una red social)
Vista (según Linux)
El dólar (según Rato)
El precio de la vivienda en España (en un 30%)
Pensar (me ha encantado)
El peso (una moneda)
El sol (otra moneda)
El sexo (ahí es donde quería llegar yo)

La búsqueda arroja la friolera de 43.100 resultados, supongo que algunas de las valoraciones de que algo está sobrevalorado deben de coincidir. Pero éste no es el meollo de nuestro asunto.

El meollo de nuestro asunto es qué se quiere decir cuando se dice que algo está sobrevalorado. Me parece que lo que quiere decir el que enuncia una proposición de este tipo es que él valora una cosa diferentemente de cómo lo hacen los demás, concretamente, que la valora menos. Pero en sus ansias de presentarse como un tipo normal, pero tirando a inteligente, nos ilumina con su sabiduría redentora espetando un “tal cosa está sobrevalorada”.

Me gusta, en particular, el ejemplo del sexo. Me enternece la gente que alardea de ser una máquina sexual. Estoy convencido de la importancia del sexo y de que no es la misma para todos, ni en todo momento o edad. No entender esto, me parece que es no entender nada en absoluto. El sexo mola mogollón, pero no nos mola a todos por igual. Si en una cama ponemos a un tigre y a un perezoso, es posible que el tigre le coma hasta los huesos, pero dudo que el perezoso saque placer de ello y, aunque así fuera, eso no quiere decir que él vaya a hacer lo mismo.

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