Desconocidos desde hace quince años
20 Febrero 2008
Nos conocemos hace ya quince años, la mitad de nuestras vidas, y se diría que seguimos siendo amigos, los mejores amigos; en casa, me dicen “ha llamado tu amigo” o “ahora, vendrá tu amigo”. Y es cierto que fuimos los mejores amigos.
Ahora, cuando nos vemos, no creo que, por mi parte, haya más que un homenaje a lo que fuimos y esa especie de respeto que hace que escuche, escéptico, tus palabras que no me creo, pero que aún me tocan en el corazón y arrasan mi inteligencia.
Yo te di muchas cosas y tú las tomaste sin darles importancia, por que tú apenas tomas lo que se te ofrece, pero no sabes recibir un regalo, eso ya te lo dije, pero tú no puedes entenderlo.
Me agotas cuando dices “tu familia…”, “tu madre…”, “tú eres…”, “a ti lo que te pasa es…”, cuando tú no sabes nada de ti, ni de tu familia, ni del mundo, ni de nada. Analista de tres al cuarto, eres incapaz de afrontar tu propio fracaso y te dedicas a promover el fracaso en los demás. Sostienes que todo me pasó a los dos años de edad, que ya es tarde, y diagnosticas que mi infelicidad va a ser perpetua. Gracias por contribuir a ella, desinteresadamente.
Te lo dije hace años, aquel día que tú recuerdas, cuando de nuestra amistad sólo quedaba, literalmente, medio bocadillo (el otro medio y el embutido me lo había comido yo, esperándote), y te lo repito hoy: yo no soporto a la gente que no es consciente de sus palabras, que aprovecha el “yo sólo quiero ayudarte” para hurgar en las heridas. Es por eso que hoy somos simples desconocidos.

