Como casi todos tus amantes, se parece a ti. Alrededor del metro setenta, moreno de piel y pelo, masculino, barba de tres días… Es un encanto, te trata con delicadeza y por la mañana te prepara un sándwich con pan de molde especial, jamón y queso de charcutería y un zumo de naranja selecto de bote que, dice, tiene un sabor casi de zumo recién exprimido. Vais a un cine de arte y ensayo donde se encuentra con un amigo al que hace mucho que no veía. Después, los tres os dirigís a un bar en el que hacen unos bocadillos calientes excelentes. Te parece un día perfecto y prometedor.

Días más tarde, después de que no haya respondido a tus llamadas y mensajes, decides borrar su número. Lo siento, pero no te entiendo, escribes. Y menos que lo vas a entender cuando te lo vuelvas a encontrar y te esquive. La comprensión te llegará un par de años más tarde, en forma de espejo.

Nuestras divas están alteradas, ¡sí señor!, sólo hay que ver las nuevas canciones de Madonna y Mónica Naranjo. La primera se ha pasado al hip-hop (creo, que yo de música no entiendo mucho) y la segunda ha evolucionado, digamos, a la ópera-pop-rock gótica, ¡qué cosas!

Pues eso, que me tienen estresado. 4 minutes me parece una cancioncilla que está bien, pero de Madonna nosotros no esperamos eso, nos encanta que se reinvente, pero que por lo menos se la oiga cantar, o lo que sea que ella haga con su voz y que a nosotros nos encanta. Y Europa, ¡ay Europa!, me parece infumable, tanto gorgorito no lo aguanto, no consigo acabar de escucharla, parece uno de esos niños que piden atención todo el rato y que no te dejan hacer nada.

Creo que este año soy más de Britney y de Kylie, que no son tan divas, pero bueno, que nos encanta que se estén recuperando, la primera con sus dos estupendos temazos: Gimme more y Piece of me (POM), patapom, ¡toma ya!, y la segunda, que está sembradísima, con los estupendos: In my arms y 2 hearts, siempre fiel a su estilismo futurista. Llamadme chaquetero, pero este año, a pesar de mi edad, diré que yo, en realidad, siempre he sido más de Britney y Kylie.

Y como en el reino del pop siempre se habla de herederas, aquí os dejo la mía: it’s Rihanna.

Mi nota El monstruo austriaco ha tenido muchas visitas y algunos comentarios. Esos comentarios me han hecho ver que la provocación no es el mejor método para comunicarse o que no escribo tan alto y claro como creo, en definitiva, que no me he explicado bien.

El texto nace de la indignación provocada por conversaciones sobre el caso con personas que ha sufrido o infligido malos tratos y que, a pesar de toda esa experiencia, se mostraban tan asombradas del caso.

Intentaré exponerlo lo más llanamente posible, mi argumento base era que es hipócrita hacer aspavientos al oír hablar de casos de horror, crueldad, y maldad extremos como el del “monstruo austriaco” y quedarnos indiferentes ante la barbarie que tenemos al lado: la que sufren nuestros vecinos, nuestros conocidos y amigos, nuestros familiares a manos de nuestros vecinos, nuestros conocidos y amigos o nuestros familiares.

Quizás el verdadero error del texto sea no darse cuenta de lo difícil que es entender los maltratos desde dentro, tanto para la víctima como para el maltratador, que a menudo no creen ser lo uno ni lo otro.

Hablar mucho de este tema y rasgarse las vestiduras está muy bien, pero es poco efectivo, ¿por qué no haces algo para ayudar a los que sufren a tu alrededor? Que sepas que algo parecido, aunque probablemente que no en ese grado, está pasando, ahora, cerca de ti.

Drácula

7 Mayo 2008

La literatura nos avisa, a Drácula, hay que invitarlo a entrar en casa, no entrará por la fuerza ni se colará en ella.

Hace tiempo que me interesa el horror y la barbarie, cómo la gente se posiciona ante ellos. De los libros de Primo Levi o Jorge Semprún, sorprende más la cotidianidad que el horror que relatan, uno de los mayores de la historia de la humanidad.

Estos días me han sorprendido las reacciones de la gente ante el “monstruo austriaco”. Esta forma de llamarlo pretende subrayar su inhumanidad, alejarlo de nosotros, hacérnoslo ajeno. Sin embargo, yo me niego a verlo como algo tan diferente de los pequeños horrores que vivimos cada día: los maltratos en la pareja, a los hijos, a los ancianos… La gente se pregunta cómo podían no ver los que estaban cerca, culpan a otra víctima: la madre, la eterna culpable: cómo pudo no ver, repiten. No se dan cuenta que, probablemente, esa mujer vivía como podía su infierno compartido, probablemente prefería también no ver, como prefieren no ver y no entender los periodistas que han apodado a ese hombre el “monstruo austriaco”, como prefieren no ver y no entender todos los que quieren alejar el horror de sus vidas, decir que no existe, tomarlo por imposible.

Es difícil enfrentarse a la propia vida y ver sus pequeños o grandes horrores; preferimos, a menudo, no ver, no pensar, no entender, no sufrir, hacemos ver que eso no está pasando.

La historia del “monstruo austriaco” nos puede sorprender por grado, pero no por su materia. Pues cada día convivimos con esa materia y muchas veces le decimos a la víctima: aguanta un poco más o no es para tanto.

Hoy uso uno de los recursos estilísticos más vulgares del periodismo: usar títulos de libros, películas o series de televisión para poner sus titulares. Pero es que la ocasión lo merece, resulta que una sobrina de Rouco Varela posa sin sostén, esta semana, para Interviú. Se ve que como el Cardenal no le da sostén, la chiquilla no tiene qué ponerse. Yo creo que la excomulgarán, ¿no?

La sobrina de Rouco Varela sin sostén

“Oh it’s such a perfect day…” de Perfect day de Lou Read.

“…un crit valent…”, del Himno del Barça.

Rob Paravonian da una clase magistral sobre una frase del Canon de Pachelbel que se repite a lo largo de la historia de la música.

Desideologizarse

3 Mayo 2008

Una de las ideas motoras de este blog es deshacerme de las ideologías que dominan mi pensamiento. La finalidad de perder ideología es poder actuar de una forma más libre, menos dependiente de lo que digo que soy. Cuando decimos yo soy tal o Pascual nos impedimos ser cualquier otra cosa, poder actuar de otras formas. Es por este motivo que el blog está escrito en español y no en catalán.

A media noche te despierta para que te coloques bajo el edredón, a su lado. El modo como se acurruca entre tus brazos y tu pecho te hace sentir el hombre más fuerte del mundo. Los pitidos de batería baja del móvil no te dejan dormirte del todo, pero te da pereza levantarte otra vez para apagarlo. Te tienes que ir, tienes que pasar por casa y ducharte, llegarás tarde a la comida con tus padres, pero te dejas agasajar un poco más, hasta que ya no es posible posponer el momento de la partida. Me tengo que ir, dices, mientras te quedas un poco más. Voy contigo, dice, y te hace reir, así, dice, como un parásito, y piensas en que la imagen está muy mal escogida. No duerme, te mira como te vistes y eso te pone nervioso. Ya casi en la puerta, te llama para pedirte tu número, sabes que no te va a llamar, pero se lo das. Se ríe continuamente con una sonrisa preciosa y te mira con el interés con que sólo miran los niños.

De camino a casa, escoges las aceras soleadas y piensas que ya está aquí la playa y que los chicos empiezan a llevar menos ropa. No vas a comprar tabaco, ayer fumaste más de la cuenta. La comida familiar se alarga y llegas tarde también al cine. Como ayer pagaste todas las copas, tu amiga compra las entradas, los refrescos y las palomitas. Con los sobresaltos de tu amiga, la mitad de las palomitas van a parar al suelo. Vuelves a casa, haces un poco de limpieza y te preparas una ensalada para mitigar los excesos del día. Compruebas por última vez el móvil y ves que no hay ningún mensaje, tampoco lo esperabas.

A media mañana recibe una llamada y se levanta de la cama. Le piden un teléfono del que dice que no dispone y da unas instrucciones que no entiendes para que la otra persona lo encuentre. Vuelve a la cama y te pierdes en sus brazos fuertes, en su pecho. El móvil sigue haciendo señales toda la mañana. Pasado el mediodía, te dice que se tiene que ir, siempre se tienen que ir, piensas. Voy contigo, dices y le hace reír, así, dices, como un parásito. No te levantes, dice, duerme. Tiene nombre de emperador romano y vive en una calle con nombre de filósofo romano, también habla un francés perfecto.

Piensas que vas a estudiar, pero no te apetece, no tienes la cabeza clara. El tabaco se ha acabado. Sales a dar una vuelta, que no se diga que no has salido de casa, y ves a gente con gente y los envidias, calladamente, ellos siempre tienen alguien que los acompañe, siempre tienen algo que hacer. Te sientas solo en una terraza y te pides una clara, el sabor más refrescante de los que existen, el sol pega fuerte, lees los titulares de un periódico que alguien ha dejado sobre la silla de al lado. Pagas con un billete de veinte euros, ahora ya tienes cambio para tabaco. Vuelves a casa y te fumas el paquete entero mientras estudias y ves una película. Entonces, vuelves a preguntarte, como estos días atrás, por el sentido de las ficciones y sobre si, realmente, se puede aprender algo de ellas.